in mis cosas

Teorías del calcetín (en bable calcetu)

Joder el Brad ¿Eh? Ni un Phoskito se permite...

Siempre he tenido la pequeña obsesión de interpolar. Me explico: habitualmente la publicidad basa su estrategia en la extrapolación, es decir, que cuando Nike saca una campaña con unas botas azules que luce Ronaldo, todos los niños del mundo y alguno de otro planeta -como el propio Ronnie- desean comprar esas botas, entre otras cosas, porque el mensaje que transmite la marca es que las botas son chachis y pueden ser compañeras en grandes aventuras.

Vemos a Matt Damon con una camisa blanca y una americana negra, y pensamos en lo guay que iríamos con esa combinación. El macbook nos da un estatus, una imagen, una colocación interesante en un esterotipo. El merchandising y los adolescentes son todo un tratado en el tema. Pero a mi me da por pensar en lo contrario. ¿Quién me iba a decir cuando me compré aquellas cochambrosas, primigenias y antiestéticas Puma, que una chica guapísima me iba a decir que le gusto?, ¿Pensé al comprar la parka mod, que posaría para una foto grupal en un pueblo de Burgos? No, claro que no.

A veces utilizo esas interpolaciones para hacer extrapolaciones imaginarias y, de ese modo, buscar la autopista de la divergencia. ¿Por qué no pensar en un pederasta que tenga un gran archivo de niños en pelotas en su mac?, ¿O una maruja a la que hayan regalado una camiseta de Custo que, al usarse, recorta y utiliza para quitar el polvo?, ¿Creéis que Brad Pitt no se hace pajas? Y Obama ¿puede haberle dado yuyu que un negro entrara es su vagón de metro en Chicago?

En definitiva ¿Somos nuestros pantalones, somos el contenido de nuestra cartera, o somos la mierda cantante y danzante de este planeta? ¿Por qué entonces pensamos utilizando los muebles mentales de las marcas? Y hasta aquí la rallada mental del día. Alabado sea el señor.

PD1: Para los futboleros despistados, Iñako Díaz Guerra disecciona la política de fichajes del Atlético en su último post.

PD2: Para ponerse palote escuchando buena música (a veces uno no sabe dónde pasa de lo políticamente incorrecto, a lo asqueroso):

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  1. Yo, provinciano de mí, nunca me había dado cuenta. La verdad es que son contadas las ocasiones de mi vida en las que he tenido que utilizar el Metro. Fue Mercedes la que me hizo observar que en el Metro, mientras éste va en marcha discurriendo por el túnel, a los negros no se les ve la cabeza reflejada en los cristales. En ese momento, apareció un muchacho de color -negro- con inmaculada camisa blanca y… ¡Es verdad! El negro reflejado en los cristales parecía una persona decapitada que no obstante se movía y se desenvolvía como cualquier otra persona, fuese del color que fuese, cosa que no suelen hacer las personas decapitadas.

  2. La moda y las tendencias es una cosa de la que no tengo ni idea ni siento ningún interés además. Tyler Durden for president, como dice la camiseta aquella.
    Por cierto, me ha costado dios y ayuda leer el texto con la foto que has puesto…hay que joderse…