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in fútbol

Thank you Sir

Cada vez que una pelota salía lanzada del pie de David Beckham (Londres, 1975) era un truco visual. La capacidad de su cerebro para programar efectos ha sido devastadora durante toda su carrera, su sello en el terreno de juego. Lo sorprendente de sus golpeos causó tanto impacto a finales de los 90, que se comió la multitud de virtudes que le convirtieron en un coloso futbolístico a la sombra de su imagen publicitaria. Asumía la sombra con humildad, y con un puntito de esa ignorancia que surge de la mezcla de la clase media que disfrazó de baja el thatcherismo, con la disciplina decadente del colegio caro. En 1995, compatibilizando sus actuaciones con el juvenil del Manchester United, David gana peso específico en el equipo de Alex Ferguson, cohabitando en el terreno de la pasión con el ídolo local Eric Cantoná.

En España las proezas del jovencito en un mundo con Internet en pañales, llegaban vía Julio Maldonado, Maldini quien, desde su sección en El día después, de Canal+, siempre tenía hueco para el mediapunta inglés. En una década en la que las posiciones de enganches con el ataque desaparecieron por la moda italiana del doble pivote, Ferguson fue encontrándole acomodo a Beckham en el costado derecho, donde podría sacar el máximo rendimiento a sus centros, regalando decenas de goles a los Cantoná, Yorke, Cole, Sheringham, Solskjaer

Después de varios años, y seis Premier League con los diablos rojos, Beckham llega a la cima de su carrera en una noche de mayo de 1999, en Barcelona, ganando su primera Champions League frente al Bayern de Munich, en un partido cuyo final épico eclipsó casi todo. Entre las realidades más ensombrecidas está la de que el United llegó a la final sin sus dos mejores centrocampistas: el capitán Roy Keane y el talentoso Paul Scholes, por lo que Beckham sacrificó el puñal por la diestra para trabajar desde el medio del campo con el joven Butt. El día en que sir Matt Busby hubiera cumplido 90 años, y en su partido más grande, David ocupó una posición discreta, asumiendo un rol secundario, y completando un partido excepcional.

Y se fue a Madrid rodeado/condenado por su corte, para completar una corona galáctica que pretendía decirnos que la física de lo esférico responde al valor de la mercadotécnia, y volvió a brillar. Rodeado de un mundo táctico caótico, y relegado a tareas defensivas, trasquilado por la competencia con Luis Figo, David tocó fondo en 2005, cuando empezó la temporada condenado al ostracismo por Capello. Supongo que ante el genial “no soy galáctico, soy de Móstoles” de un vivaracho Casillas, Beckham pensaría que tampoco es excesivamente estratosférico el barrio de Leytonstone, pero jamás dijo una palabra más alta que otra, sólo trabajó y acabó como titular indiscutible, dándole una liga al Real Madrid a base de fuego de mortero desde la derecha, encontrando a Raúl, o Ronaldo como principales socios del negocio.

Debe resultar complejo ser un icono publicitario y mantener una imagen propia real, no haber sucumbido a la fantasía que durante muchos años se ha creado alrededor tuyo, al autoengaño. Sesiones de fotos, campañas publicitarias y un cuerpo dedicado a la ficción, a encarnar historias de los mejores contadores de historias del momento. Lo verdaderamente mágico de Beckham a lo largo de su carrera, es que el chaval que ama el fútbol ha sido perfectamente reconocible desde su primer partido hasta el ultimo en su periplo por las ligas inglesa, española, estadounidense, italiana y francesa. Ese brillo y ese sacrificio jamás han desaparecido y el respeto por el juego es lo único capaz de poner en pie a estadios por todo el mundo. Al final la gente quiere a jugadores que aman lo que hacen.

Beckham fue mascota del United en 1986. Luego ha sido el primer futbolista británico en llegar a los 100 partidos en la Champions, el segundo que más veces ha vestido la camiseta de Inglaterra (115), sólo por detrás del mítico Shilton, el tercer máximo asistente de la Premier, uno de los pocos jugadores que ha conseguido tres ligas en tres países diferentes, el único jugador inglés que ha marcado en tres mundiales diferentes, y el señor que ha surtido de magia nuestro imaginario en los últimos cinco lustros.

Thank you Sir.

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