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Victoria histórica

Al final la Historia que se cuenta, el Relato que se crea, acaba desdibujando la realidad hasta el grado máximo. Igual lo interesante es conocer si el ciudadano, al que llamaremos espectador, está interesado en la realidad, o ya sólo le importa el relato, la fantasía. Conviene cuestionar si el viaje que partió de los hechos y acabó en algo siempre más vibrante, no es algo que el espectador toma de manera consciente. Anoche el Real Madrid podría haber ganado por los pelos el primer partido de la fase de grupos de la Champions, pero pareció que el pitido final significaba la mayor proeza de la historia de la Humanidad.

Televisión Española, con un exjugador feliz en la parcialidad, y un animador que había ocupado el puesto del narrador, quiso confundir el salón de la casa de Sergio Sauca con el estudio, pensando que los millones de telespectadores éramos su familia y amigos. Sauca gritó como una vieja, como un aficionado enfervorecido ante la mayor proeza jamás contada. Contagiado por la estrambótica narración de la natación en los pasados juegos de Londres, y alentado por la falta de mesura de Sanchís, cuyas aportaciones técnicas se pueden equiparar a las de un chimpancé, el pseudonarrador se ganó cada uno de los apelativos que le había aplicado hace meses Paco Grande (“es malísimo y se salta los guiones“) y que le valieron a éste la condena al ostracismo.

No hablo de lo meramente futbolístico porque el partido, muy alborotado y eléctrico, tuvo un claro dominio de un Real Madrid que, pese a la renuncia desde el principio del City, y el mezquino planteamiento de Mancini, no jugó bien pero mereció la victoria. Hablo del relato del que vive la prensa deportiva y en la medida que es partícipe el aficionado, ese que hizo que pareciera el partido más épico de entre los épicos, borrachos como estamos ya de clásicos partidos del siglo locales. Cualquiera que escuchara gritar a Sauca el golazo de Marcelo -que en realidad fue un rebote un poco churro-, imagina lo que hubiera sido la narración del famoso gol de Zidane en la final de hace unos años, y el infarto que hubiera sufrido el locutor. O el de Maradona. Las tómbolas han perdido un gran locutor.

Si el insulso José Ángel de la Casa pasó a la historia por algo, fue por aquel gol de Señor, el décimosegundo a Malta, única pérdida de la compostura en una carrera impecablemente plana como narrador. Tuvo que darse el partido imposible con el resultado increíble para que lo extraordinario tuviera protagonismo. Ahora parece que todo es extraordinario, que cada gol es más histórico que el anterior, que las plantillas de Real Madrid y Barcelona juntan a cuarenta de los cuarenta y dos mejores de todos los tiempos. La Historia ya es sólo una cantera de la que sacar merchandising. Sin perspectiva todo es más fácil. Sin herramientas que aten a la realidad todo vale. El relato más bonito, o el que grite más alto.

Les dejo el vídeo-resumen para que se recreen en los comentarios. Escúchenlo atentamente. Ninguna frase tiene desperdicio. Algunos tan interesantes como “peligro, peligro, peligro, peligro, peligro…

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