in mis cosas

Xabi

Jugar de mediocentro no es fácil, tienes responsabilidades ofensivas y defensivas. Tu obligación es tener el campo en la cabeza todo el rato. Intentar ver dónde está cada cual, como en esa opción de los videojuegos que aparece el dibujo del campo con los puntitos de colores representado a cadaciberjugador. Tienes que jugar desde una azotea, donde divises los desmarques y los errores. Paradójicamente juegas en un lugar muy transitado así que, es posible que mientras viajes en el zeppelin de la perspectiva, te caigan un par de golpes, que te obliguen a descender a ras de césped.

Defendiendo eres el abanderado, el que te comes la primera oleada, el encargado de robar. En la transición también has de cubrir las subidas de los laterales. Atacando debes elaborar y acabar la jugada en área ajena. A medida que conquistas metros, las patadas te recuerdan que no eres bienvenido. Tu espalda es una fría defensa, una línea que representa el revolver de la cómoda. Tu estilo marca la imagen del equipo. Eres el asesor de imagen del entrenador. Por eso la mayoría luego son técnicos: en el campo ya lo eres.

Tienes que dominar el pase corto y el largo, tener espaldas impermeables a los chubascos de codos, y un plan. Siempre se te exige un plan. Tu plan es su plan, a no ser que tengas uno de esos jugadores resolutivos, acaparadores, capaces de sentarse en tu mesa para lanzar sugerencias. En la mochila hay que llevar hilo y aguja, para tejer el juego en corto, que es la conversación en el fútbol. Pero también el catalejo para el pase en largo, para los grandes relatos.

Desde hace años hay un espejo en que mirarse, un tipo que sería titular en la Alemania de los 70. Un prófugo, escapado de la dictadura de la charlatanería, el titular y lo chabacano. Una mente privilegiada y con tarifa plana hasta sus pies. Xabi Alonso, si tuviera pasta, te bañaría en bronce y te pondría en mi salón.

Share

Leave a Reply