in mis cosas

Ya

Desde hace casi dos semanas la vida se me ha empezado a dividir en fracciones de tres horas. Es el tiempo que separa las tomas de Mateo. Un bebé es un circo ambulante de la supervivencia. Se agarra a la teta como si le fuera la vida en ello, y es que le va la vida en ello. Duerme, recupera, cría legañas, muda su piel, pudre un cordón, y surca la casa entre virus y bacterias. Succiona su comida hasta el agotamiento, y grita cada vez que tiene hambre, frío o se siente incómodo. Él no sabe qué hace aquí ni por cuánto tiempo estará en este extraño lugar. Bienvenido al mundo.

En sólo un segundo ha pasado de vivir dentro a hacerlo fuera. De alimentarse por un tubo, a comer por la boca. Estrenando todos los sistemas posibles a la vez. Y funcionando, oiga. Los instintos son el manual de uso que vaya usted a saber quién escribió -nunca nos preguntamos por los autores del resto de libros de instrucciones-, y que nos permiten adaptarnos a un entorno completamente distinto, mientras estamos amenazados por todo.

Mateo nació en una madrugada de victoria de los Knicks en Atlanta, en una madrugada de negociación en plena huelga, en una madrugada en la que pasaban cosas antiguas, en cualquier caso. Entonces amigos y familiares ya habían puesto la máquina de parecidos y otros tópicos a pleno rendimiento, y éstos se repartían en furgones de esos que huelen a tinta y surcan las ciudades antes que que pongan las calles. Y luego tal y cual tío con flores y bombones. Y médicos, pediatras, cirujanos y matronas que se cambian de cara y se mezclan con el cansancio para sentenciar galimatías que ya leerás con calma.

Y luego te vas a casa y se cierra la puerta, y donde estabais tres, ahora hay cuatro, y Nico te mira desde el suelo pidiendo explicaciones. Nadie me ha preguntado qué se siente al tener un hijo, porque ya todo se presupone. Si alguien me lo preguntara tampoco sabría qué contestar. Sólo que me compré el periódico del día siguiente y todavía no lo he tocado.

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  1. Bienvenido al club. yo tuve momentos en que prefería encontrar una pistola llena de balas en el cajón donde guardo los paracetamoles de 1g para poner remedio a los dolores tésticos de la falta de sueño